Blog personal de Alejandro Castroguer

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domingo, 14 de enero de 2018

Todos los caminos

El texto fue transcrito a word el 27 de diciembre de 2013, pero es mucho más antiguo. Con ocasionales añadidos y retoques, tal vez naciera en torno a 2005, suposición que soy incapaz de asegurar; la memoria deslee los recuerdos y los iguala en blanco y negro. Lo subo ahora al blog en homenaje a quien fuera uno de mis mejores amigos, mi querido profesor de pintura: JOSÉ DÍAZ-OLIVA.


"Todos los caminos (endecha)"

Dicen que todos los caminos llevan a Roma,
desconozco si alguien lo ha comprobado.
Hasta José Díaz-Oliva me condujo la casualidad,
la sencillez de un camino que no prometía grandes conquistas:
tristes clases de pintura sin ventura.
Imagino su mueca de desagrado ante mis primeros óleos,
casposos carteles de toros y bodegones de pacotilla.
 

Luego, los años gastados quisieron premiarme con su amistad,
con la puerta abierta de par en par de su estudio.
Recuerdo el olor a pintura, las pilas de cuadros castigados,
por rebeldes, de cara a la pared;
sus zapatillas de andar por casa,
la bata transformada en una pieza alta costura
por obra y gracia de dos brochazos de bermellón,
la mirada apasionada, la tensión frente al cuadro por terminar.
 

A José, con el respeto inherente al alumno, lo llamaba Profesor.
Su pausada forma de departir invitaba al diálogo:
él me enseñó a amar la música clásica y la pintura,
a disentir en política y a hablar de mujeres.
   —Alejandro, más vale trocar placer
   por dolores que estar sin amores.

Junto a él no sólo aprendí a pintar,
entreví la grandeza de todos los bienes del mundo.

 

Ahora, a tantos años de distancia,
conquisto el recuerdo, y le veo,
las horas muertas, congelado ante un óleo,
obsesionado con un brochazo, un matiz, una forma.
Aunque ya no está con nosotros,
por culpa de la sañosa porfía de su enfermedad,
me es sencillo invocar su presencia.
 

Basta con elegir uno de los tantos caminos que
me conducen, no a Roma, sino hasta Díaz-Oliva,
metro a metro, pentagrama a pentagrama.
Caminos como la Forlane de M. Ravel, la Gallina de J. P. Rameau,
el Cuarteto nº 4 de B. Bartok o algún trovadoría de Juan del Encina.
Y de inmediato llego a su vera, aquerenciado de su maestría,
adolescente por segunda vez.
 

Como antaño, le llamo Profesor,
mientras me enseña otra vez a amar la vida.



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Enlazo aquí otra entrada que dediqué a uno de sus óleos: 
https://guerradoblemuerte.blogspot.com.es/2016/05/convergencia-n-6-de-jose-diaz-oliva.html

Para finalizar, os dejo una página web que Óscar Díaz dedicase en su día a su padre: 
http://diazoliva.es/ 

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