Blog personal de Alejandro Castroguer

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miércoles, 16 de marzo de 2016

Las horas, de Cunningham y Daldry



Título de la novela: Las horas
Título original: The hours
Autor de la novela: Michael Cunningham
Director de la película: Stephen Daldry
Año de publicación de la novela: 1988
Año de la película: 2002

Sinopsis (extraída de Filmaffinity): Historia de tres mujeres de épocas diferentes que tratan de encontrarle un sentido a la vida. A principios de los años 20, Virginia Woolf, en un elegante barrio de Londres, lucha contra su locura mientras empieza a escribir su primera gran novela: "Mrs. Dalloway". En los años 50, en Los Ángeles, a Laura Brown, una mujer casada y con hijos, la lectura de "Mrs. Dalloway" le resulta tan reveladora que empieza a considerar la posibilidad de cambiar radicalmente su vida. En Nueva York, Clarissa Vaughan, una versión actual de "Mrs. Dalloway", está enamorada de su amigo Richard, un brillante poeta enfermo de SIDA.

Michael Cunningham
  
Las Horas, la novela, fue publicada por Michael Cunningham en 1998; un año después ganaría el Premio Pulitzer de Ficción. En 2002 Stephen Daldry, el director de la aclamada Billy Elliot, dirigió la película homónima, Las Horas, adaptación muy fiel de la obra de Cunningham, al menos todo lo fiel que puede ser el cine respecto de la literatura. Dada la perfecta simbiosis entre ambas, me resulta casi imposible hundir el escalpelo y separar los órganos de una de los de la otra; hacer una autopsia de esta pareja de siameses se antoja difícil. Así, pues, procedamos a hablar en conjunto de ellas. 

Tanto en las páginas como en el celuloide conocemos la historia de tres mujeres, unidas por un personajes, o por una novela, o lo que es lo mismo, por el personaje principal de dicha novela, escrita a la sazón por Virginia Woolf: la señora Dalloway. Éste es el hilo conductor, ese lugar común que permite el tránsito del año 1923 (el año en que Virginia empieza a escribir su novela) al 1951 (año en que Laura Brown lee, a ratos perdidos, la obra de Virginia), y de 1951 a 2001 (año en que Clarissa Vaughn prepara una fiesta en honor a su amigo Richard, poeta galardonado con un importante premio de poesía). 

Parte del milagro de verter el encanto poético de la obra de Cunningham, amén de las excelentes interpretaciones del trío de actrices (Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore) y de Ed Harris, amén de la dirección sensible de Daldry, en mi opinión ese milagro se sustenta sobre el excelente trabajo de montaje de Peter Boyle y sobre la banda sonora compuesta para la ocasión por Philip Glass, que aquí firmó una de sus mejores partituras. El montaje es sencillamente formidable, pues permite alternar las tres líneas temporales como si una influyese, sin saberlo ni pretenderlo, en las otras dos. Los planos se suceden con asombrosa sincronización, lo mismo que los diálogos; no hay distorsiones ni pasos en falso, todo transcurre con esa naturalidad tan difícil de conseguir cuando la técnica empleada es tan compleja. Respecto de la música decir que en ella (piano y una orquesta de cuerdas) late todo el drama, el mismo para las tres protagonistas, las mismas notas para cada una de ellas. No hay variación de estilos para señalar a tal o cual personaje: todo en la banda sonora fluye como la corriente de ese río en que se suicida Virgina Woolf.

En la obra de Cunnigham y en la de Daldry (por extensión en la novela original de Virginia Wolf), el secreto de la historia se destila en los detalles más insignificantes: una tarta que, igual que la obra de Woolf, se resiste en manos de su creadora; un pájaro que muere en manos de una niña y que concita la atención de la escritora; un paseo que no lleva a ninguna parte, ni a Virginia ni a Laura, ambas desnortadas en mitad de sus vidas (sensación que comparten con Clarissa; ésta sin embargo decide mantenerse a flote aferrada a la fiesta que se esfuerza por organizar); unas flores de un color o de otro; un perro al que hay que darle de comer porque su dueña va a ser operada de un problema en el útero; un tren que conduce a Londres; un exnovio que aparece cuando menos se lo espera... Los detalles, por pequeños que sean, certifican la magnitud del desastre, ése que cada una de ellas, Clarissa, Virginia y Laura, esconden. Todo tiene su razón de ser, sólo hay que dejar que las páginas o el celuloide nos lo muestren.

Stephen Daldry
Anotar esta curiosidad: en la novela el personaje de Clarissa Vaughn cree ver, de camino al apartamento que ocupa el poeta Richard, a Meryl Streep, a ella o alguna otra actriz. Casi como una broma del destino, Meryl Streep interpretaría ese papel femenino (por cierto, tal escena no aparece en la película). 

Uno acaba la novela y la película, o la película y la novela, con la sensación de haber asistido a un pequeño milagro: el de la obra de arte que describe con certera puntería la vida de aquellos y aquellas que anhelan otros objetivos, que sueñan con lo que pudo ser y no es, con esas otras personalidades que habrían fraguado de no haber tomado las decisiones que han adoptado a lo largo de las horas. Sí, las horas, ese otro personaje, ese invitado que todos temen, o anhelan, o echan de menos. Si bien la novela consiguió varios premios de envergadura, la película no corrió igual suerte en la carrera hacia los Oscars, pues sólo se alzó con el de Mejor Actriz por la interpretación de la Kidman (es verdad que acumuló otros muchos premios dentro y fuera de EE.UU.). En defintiva, dos maravillas a degustar con tranquilidad, sin prisa, atento a todos los detalles. En tres palabras: para paladares exquisitos. 

Conducido por estas tres mujeres, deja que el tiempo te acune o te amortaje, estimado visitante. Si eres persona sensible (que no sensiblera), me lo agradecerás. Luego no digas que no te lo dijo el Habitante Incierto de esta Casa Deshabitada.

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