Blog personal de Alejandro Castroguer

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sábado, 17 de octubre de 2015

Holmes y Moriarty en manos de J. R. Biedma


Título: Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado
Autor: Juan Ramón Biedma
Año: 2014 
Editorial: Lengua de Trapo
Páginas: 438

Sinopsis: Londres, 1891. Cuando los propios londinenses denominan niebla asesina a la bruma que lleva varios días asentada sobre la ciudad es que han pasado por muy pocas penumbras semejantes a aquella.
Una oleada de secuestros de niñas, algunas de ellas relacionadas con las primeras personalidades políticas, resulta ser sólo un signo más de la cadena de acontecimientos que amenaza con el desplome del país más importante del mundo.




Durante las primeras secuencias, Juan Ramón Biedma se obstina en armar ese misterio que habrá luego de resolver (o no) el detective más famoso del mundo, Sherlock Holmes. La señora Mostel que huye a través de esa casa que ha convertido en un verdadero laberinto de puertas y escaleras. La princesa Alice que se deja guiar por un niño sin brazos y que presenta un alambre de espinos clavado en el pecho. Una pareja de curas que (mientras juegan al más prohibido de los juegos) son testigos de la agresión a una niñera y el secuestro de la niña que cuida.

Enseguida entran en acción los que van a ser los protagonistas de la novela. Véase: Erasmo Cox, que se presenta como revientacadaveres, un tipo sin escrúpulos que se dedica a profanar las tumbas de los muertos recientes, y a quien hostiga cierto episodio del pasado. Tyco Sprouse, gerente del Jardín Zoológico de Aclimatación Hagenbeck, ese lugar donde se retiene a especímenes de distintas razas de hombres, nativos de distintas partes del planeta que se exhiben igual que fieras. Rambalda, la hija del canciller, que busca a su hija que ha sido raptada. James Moriarty, antiguo profesor de matemáticas, que interviene para que evitar que un monje le vuele la cabeza a una niña que tiene raptada, una eminencia que vive escondido en un lazareto, a salvo de los fisgones. Y Sherlock Holmes que huye, se disfraza, se camufla a fin de eludir esa incierta amenaza que se cierne sobre él.

El otro personaje que falta, y que se empeña en cobrar el pertinente protagonismo, no es otro que Londres. Esa cuidad podrida de indigentes, prostitutas y gente de aviesas intenciones, de teatros y de clubes elitistas como el Diógenes. Esa urbe que patean a diario los Irregulares de Baker Street o en la que se desloman por una miseria los niños abrecaminos. Un Londres que agoniza la llamada niebla asesina. El novelista nos explica a qué obedece esta niebla poniendo de ejemplo aquella otra que se abatió sobre Londres en 1880: el humo del carbón de las calefacciones y de la industria se combinaron para formar una densísima plaga tóxica de dióxido de azufre y partículas de combustión que había hecho aumentar los índices de mortalidad por encima de las peores previsiones.

Tal y como detalla Juan Ramón en la inicial Descubierta del autor, esta novela no es más que la prolongación del cuento de Arthur Conan Doyle El problema final, todo lo que pudo cocerse en torno al celebérrimo duelo que librarán Moriarty y Holmes en la cataratas de Reichenbach y que nunca fue contado. No es de extrañar que, a causa de ello, el relato de Doyle aparezca aquí y allí marcando el rumbo que habrá de llevar la trama para que coincida con ese viaje a Europa, a Suiza más concretamente.

El caso queda establecido a la par que se van presentando los actores principales y los secundarios. Un caso, por cierto, de lo más cruel: el rapto de cuatro niñas. A saber, la nieta del canciller, la sobrina del arzobispo de Canterbury, la ahijada del primer ministro y la niña de la reina. Por cada una de ellas se exige el pago de medio millón de libras. Detrás de todo ello, late una idea de Moriarty, mucho más honorable que sus indignos métodos de financiación. Un proyecto que tiene mucho de altruismo. 

Con la habitual maestría, cuando no brillantez, propia del autor de El humo en la botella, Biedma teje todo este tapiz que sabe de traiciones, viejos ajustes de cuentas, sospechas y golpes de efecto. Una novela (premiada con el II Premio Valencia de novela negra 2014) que, pese a su extensión, más de cuatrocientas páginas, se lee sin mesura. En cada capítulo palpita una nueva sorpresa y se anticipa el famoso duelo en lo alto de las cataratas de Reinchenbach. 

Imprescindible para los holmesianos. Y para quienes quieran leer una historia adictiva, que mima y cuida por igual a los personajes y el escenario.

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