Blog personal de Alejandro Castroguer

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domingo, 19 de julio de 2015

Una antología de Elia Barceló



Título: La Maga y otros cuentos crueles
Autora: Elia Barceló
Año: 2015
Páginas: 304
Editorial: Cazador de Ratas


Texto de contraportada: Cuando te regalan una caja de bombones, quizá eres de los que, después de inspeccionarla cuidadosamente, se comen primero los que más le gustan. O quizá sea al revés, y te gusta dejar los mejores para el final. Elia Barceló nos ofrece una caja llena de mundos posibles. Si estuviera llena de bombones, sería muy difícil —si no imposible— elegir en un sentido u otro. Todos, por supuesto, están envenenados.
Cada uno de los relatos es distinto al anterior, sorprende de una manera nueva, asombra por otras razones. Cada crueldad —porque el título hace justicia— tiene un sabor diferente. Es fascinante cómo la autora juega con el lector ofreciéndole una realidad solo para, poco después, romperle los esquemas e introducirlo en un mundo en el que nada es lo que parece.   


Elia Barceló


Al inicio del libro es la propia autora quien explica cómo surgió la posibilidad de reunir este puñado de cuentos. Y cuál fue la razón que le llevó a elegir el título que, a la postre, da nombre a este nuevo volumen editado por Cazador de Ratas. Hay que leer el prólogo para oir a Barceló, en su propia voz. 

Procedamos, con brevedad y justeza, a dibujar el inicio de cada uno de los relatos, a modo de señuelo para futuros lectores.

Tinta Violeta: Chiara Valle, profesora en el Instituto Petrarca de París comienza a recibir notas que huelen a gardenia. En ellas, le piden que apruebe a Lisa Campbell una estudiante no muy brillante (yo también la suspendería por entregar un trabajo anodino sobre “Si una noche de invierno un viajero” de Calvino). Narrado en segunda persona, es un relato que se retuerce a medida que se agiganta la intriga.

Desde mi ventana: La narradora regresa a casa después de una extenuante jornada de trabajo (es rectora de universidad). Por fin es viernes, y eso lo cura todo. Es ocasión de disfrutar, desde la atalaya de su ventana, de la vida sexual de Mara, una mujer a la que desea con pasión de entomóloga.

La decisión de una dama: Julia escribe a Marta, antigua compañera de conservatorio y ahora famosa cantante; en la carta le anuncia su inminente suicidio. Por puro aburrimiento, no hay mayor causa que ésta. Será la primera de una larga serie de cartas a través de la cual obtiene una infrecuente sensación de libertad.

Los ojos de Jaime: Lydia cree haber visto a Jaime después de más de veinte años. Como consecuencia, un aluvión de recuerdos la asalta a traición. Cuidado, Lydia, que Jaime saldrá a tu encuentro antes de que llegues a casa.

Ritos: Santa Rosa es un pueblo costero que se debe por entero, durante el mes de agosto, a los veraneantes. Pero sólo durante agosto; septiembre es un mes vedado para ellos y para goce exclusivo de los lugareños. Sin excepciones. Ralf Stranberg, surfista, tiene la desgracia de enamorarse de una chica de Santa Rosa y decide que es hora de asentarse en Santa Rosa.

La llegada: Un catedrático sufre un accidente en un bosque en el que se ha perdido mientras iba camino de Dresde. En su ayuda acude una jovencita muy extraña que le concede la perspectiva de pedir un deseo.

Oscuro, como un cristal: Relato que aúna, con estilo poderoso y seductor, la realidad que acontece en una película y la ficción que late en el vientre del cine donde se proyecta aquélla. ¿O era al revés, señora Barceló?

Jardines invisibles: Lorenzo y Marisa, camino de Nerja a donde viajan de vacaciones, comentan ese mar de plástico que son los invernaderos que quedan a un lado de la carretera. La autora se detiene en este pareja para contraponerla a la formada por Fahrid y Ahmed, dos musulmanes sin papeles, que deciden pasarlo bien bajando a Nerja.

El regalo: La protagonista decide llevarle un regalo a una compañera de trabajo. Y ha pensado en un libro autografiado de su autor favorito, César Hidalgo. Por dibujar con singular acierto a un escritor prostituido a la mercadotecnia editorial, éste es uno de los relatos más sibilinamente crueles de la colección.

La quinta ley: Otto Frick, jubilado, con ciento veinte años a sus espaldad, trabaja como voluntario en el Museo Isaac Asimov de Hannover. Roy, un androide, es su único amigo y “familiar”. El mundo ya no es lo que era, tanto que el señor Frick navega medio perdido entre el caudal de recuerdos. Sin duda, cualquier tiempo pasado fue mejor. Sobre todo cuando se entera de que, en el plazo de un año, el Museo y todo el enorme complejo que comparte con otros edificios, serán transformados en viviendas.

Anunciación: Es el relato más breve de toda la colección. Nos habla de una presencia vivificadora en mitad del sueño.

Cobarde: El señor Guerrero acude a una extraña casa donde se celebra una extraña cena. ¿Con qué pretexto acude allí? Pues con el mismo que mueve a los otros comensales: el de recordar los viejos tiempos.

Alana: Poco a poco el lector irá registrando, en la memoria o en el estómago, según el caso, distintas referencias a famosos cuentos infantiles por todos conocidos. Es la historia de Alana y Martín, contada con especial delicadeza.

La Maga: Relato que da nombre a la antología, pues no en vano es el más extenso y, tal vez, el más hermoso y cruel de cuantos anidan en esta publicación de Cazador de Ratas. Se inicia con la compra de La Maga, una casa de la que quiere desprenderse cierta anciana: Marion y Fred, los orgullosos dueños de esa maravilla (es la casa de los sueños de cualquiera), se trasladan allí con sus tres hijos. La narradora de la historia, la hermana de Marion, no puede dejar de sentir cierta envidia; a ella también le gusta esa casa, que por otra parte les tiene reservados, a todos, no pocos descubrimientos.



El Habitante Incierto posa con La Maga


Al final de cada relato, la autora retoma el protagonismo alcanzado durante el prólogo para contar, con brevedad, las circusntancias personales y/o artísticas que confluyeron en la creación del cuento en cuestión. Dada la brillantez con que están narradas las historias, no es necesario escuchar a Barceló, pero ella sabe decir lo justo para conseguir que se nos dibuje una sonrisa cómplice en los ojos y nos dispongamos a leer la siguiente.

Añadir que, aquí y allá, la narradora muestra cierta sensibilidad musical: detalle a subraycar porque no suele ser habitual en otros escritores de género, más interesados en el cine más actual o en los videojuegos. La música clásica aparece, pues, para completar el dibujo de ciertos personajes. La autora habla de Bach, del Aleluya de Mozart y de la Fantasía sobre temas de Carmen, de Sarasate. También de la ópera homónima compuesta por Bizet. De La Flauta Mágica, de Mozart. De la Sinfonía Heroica, de Beethoven. O de un nocturno, de Chopin.   


En definitiva, una antología de lo más variada, que muestra con insólita naturalidad el dominio alcanzado por una narradora que sabe contar lo justo para hipnotizar a los lectores. Crueldades diarias, a veces sangrientas, a veces indoloras. Crueldades civilizadas, a veces soñadoras, otras demasiado terrenales. Crueldades en dosis justas; pero suficientes para destrozar a los personajes que Elia Barceló maneja con pulso firme.

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