Blog personal de Alejandro Castroguer

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sábado, 7 de marzo de 2015

Recomendación del mes de marzo: La Carta


Título: La Carta
Autor: Raúl Guerra Garrido
Año: 1989
Páginas: 349
Editorial: Alianza Editorial

En lugar de que el Habitante Incierto nos hable de esta novela, hoy tenemos una colaboración. Nos visita Antonio Castro-Guerrero (Premio Ciudad de Cáceres 2013). Esta reseña ya apareció el 16 de enero de 2014 en el blog de la Opinión de Málaga, Etiqueta Negra. 
En este enlace podréis leer el original: http://blogs.opinionmalaga.com/etiquetanegra/2014/01/16/la-carta/

Que sea Castro-Guerrero quien nos hable de la obra de Guerra Garrido. 


De inicio me gustaría dejar claro que, en el mejor de los casos, esta obra se adscribiría al género negro de forma tangencial. Pero son tantos los puntos de contacto (chantaje, extorsión, amenazas de muerte, galería de criminales y adláteres…) y tan escasas las novelas escritas en España acerca del terrorismo en el País Vasco que merecerá la pena leerla para cualquier lector medianamente curioso.
En primer lugar, porque es una obra maestra de principio (arranque muy esclarecedor) a fin (conclusión de recuerdo imborrable).

 Y en segundo lugar, porque posee el aliciente de contar con un autor que conoce de sobras el tema del que habla. No en vano, Raúl Guerra Garrido, tras nacer en Madrid, crecer en El Bierzo y doctorarse en Farmacia en la Complutense, se estableció durante muchos años en San Sebastián, donde sufrió en primera persona los ataques del entorno etarra que culminaron en 2001 con el incendio de la farmacia familiar. Sus méritos literarios fueron recompensados con el Premio Nacional de las Letras en 2006. Por otra parte, su determinación por hacer visible la tragedia del terrorismo en Euskadi le llevó a ser miembro fundador del Foro de Ermua y a escribir, además de la que nos ocupa, una serie de novelas con ETA como objeto de su denuncia entre las que destacan La soledad del ángel de la guarda (2007), Lectura insólita de El capital (1976, Premio Nadal) y Tantos inocentes (1996, Premio de Novela Negra de la ciudad de Gijón).


Sin olvidar que La carta fue rechazada por alguna editorial y no consiguió ver la luz hasta 1990, hay que señalar como estímulo para los lectores más reticentes que el punto de partida argumental es realmente atractivo: el mismo día que el empresario Luis Casas cumple 50 años recibe la carta de ETA que le exige el pago del (mal llamado) impuesto revolucionario, una extorsión cifrada en 50 millones de pesetas con la amenaza explícita de asesinarle si no satisface el pago.


Aunque la acción se sitúa en el pueblo ficticio de Eibain, Raúl Guerra Garrido consigue dotar de gran verosimilitud a la narración empleando el recurso de la primera persona. Así es cómo el protagonista nos hace partícipes de sus miedos, su angustia y sus intentos desesperados por eludir el pago de la extorsión, lo que pondrá a prueba no solo su resistencia física y emocional sino también la integridad moral de familiares y amigos. En este descenso a los infiernos de la soledad [“me acongoja (…) sentirme solo en compañía de los míos”], el novelista no pierde la oportunidad de dar testimonio del drama del terrorismo vivido por él a través del personaje de Luis Casas, haciendo uso de la lucidez y la ironía de su pluma, ya sea refiriéndose a la misiva amenazadora que da título a la novela [“Quien dijo que el género epistolar era una lengua muerta, un género asesinado por el teléfono, se olvidó de los fanáticos”], o a la perversión de la realidad que se propugna desde el entorno etarra [“Que quien se dice en guerra pida amnistía a quien quiere exterminar, que lo firme un movimiento revolucionario de izquierdas autodenominándose nacionalsocialista, son paradojas que nadie desmonta”], al velo de silencio que se extiende alrededor de tanta violencia [“El miedo es la mejor de las censuras”] o los contrasentidos de una sociedad tutelada por el terror [“Ahora mismo podría pasear sin rastro de miedo por las extrañas ciudades de Antwwerpen, Nijkerk, Haarlem, Norköping, Aalborg (…)”].


Puesto que la brevedad es condición indispensable en una reseña, animo a los lectores a que sean ellos mismos quienes descubran los pormenores de la odisea en adelante vivirá Luis Casas, que comparte con el autor su condición de hombre de clase media, de inmigrante en Euskadi con raíces en El Bierzo y de ciudadano hostigado tanto por los terroristas como por sus simpatizantes. Dueño de un estilo depurado con vocación por el detalle y el análisis psicológico de los personajes, Guerra Garrido se vale de un artificio muy eficaz para dotar de mayor interés al desarrollo argumental: los capítulos están numerados de forma regresiva emulando una cuenta atrás, del TREINTA al CERO, que culmina en un final inolvidable.


Como colofón, solo me queda transcribir la nota aclaratoria y la cita con que se abre la novela puesto que son especialmente clarificadoras acerca del tono general de la obra:


- Los personajes y hechos que en esta novela se describen son ficticios. Todo parecido con la realidad es una coincidencia inevitable. – Primero vinieron los nazis y se llevaron a los judíos. Naturalmente yo no protesté porque yo no era judío. Después vinieron y se llevaron también a los comunistas. Yo tampoco protesté porque yo no era comunista. Luego vinieron y nos llevaron a todos. Entonces si protesté. Pero ya era tarde.

(Graffiti en una pared de Eibain, en vísperas de la manifestación de 18 de marzo. Amaneció tachado por un enérgico trazo y con la siguiente nota a pie de autor: “¡da la cara, fascista”.)


Dejando de lado la controversia sobre la autoría de la cita, ¿acaso es posible imaginar un preámbulo más esclarecedor acerca de cómo los violentos han pervertido no solo la convivencia en el País Vasco sino también la percepción de la realidad?


LO MEJOR: la certera radiografía de las singularidades del pueblo vasco (su pasión por la gastronomía, el fútbol, el nacionalismo militante, sus costumbres arraigadas en el pasado…) que pone al descubierto hasta qué punto el miedo ha multiplicado los culpables entre quienes justifican a los terroristas y quienes ignoran a las víctimas con su silencio cómplice, el análisis psicológico del protagonista, la progresión dramática de la acción y, por supuesto, su conclusión (cuya última página no debe leerse por anticipado si no se quiere renunciar a la sorpresa final).


LO PEOR: a pesar de haber sido publicada por primera vez en Plaza & Janés, más tarde en Espasa y últimamente en Alianza Editorial, nunca ha gozado del predicamento que merece entre los lectores.

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