Blog personal de Alejandro Castroguer

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sábado, 28 de diciembre de 2013

El viento de la Luna, de A.Muñoz Molina



Título: El viento de la Luna
Autor: Antonio Muñoz Molina
Año: 2006
Páginas: 315
Editorial: Seix Barral. Biblioteca Breve

Texto de contraportada: El 20 de julio de 1969 la misión espacial del Apolo XI se posa en el Mar de la Tranquilidad, convirtiendo a su comandante, Neil Armstrong, en el primer hombre que pisa la Luna. Las noticias sobre el viaje son el hilo conductor de esta novela protagonizada por un adolescente que, fascinado por estos acontecimientos, asiste al nacimiento de una nueva época; el universo que le rodea comienza a serle tan ajeno como su propia felicidad infantil.
 

En 1969 la vida en la ciudad de Mágina transcurre con la regularidad con que las cosas han sucedido siempre, en el tiempo en apariencia detenido de una larga dictadura. Antonio Muñoz Molina transmite como nadie la fragilidad de instantes capaces de cambiar una vida, como la llegada del primer televisor a casa, la conciencia del incalculable consuelo de la lectura o el descubrimiento de un secreto que ha marcado a la ciudad desde la guerra civil.
 
 Historia de iniciación magistralmente narrada, El viento de la Luna posee elementos que remiten al mundo de escritores como Salinger o Philip Roth, pero también es un nuevo episodio en el ciclo narrativo de Mágina, como reconocerán enseguida los lectores de Beatus Ille y El jinete polaco. La imagen de un futuro de ciencia ficción a los ojos del protagonista que ya es recuerdo nostálgico para el lector es uno de los mayores aciertos de esta cautivadora novela.




Es esta una novela inmersa en el universo de Mágina, como otras muchas de Muñoz Molina, léase Beatus Ille o El jinete polaco. Imaginaria o no, qué importa, Mágina es la ciudad donde crece nuestro protagonista, un adolescente que se abre al mundo de las nuevas sensaciones físicas mientras su mente se refugia en recuerdos de años atrás (cuando era un niño y gozaba de esa inmunidad de infante) y en la retransmisión que por aquella época, año 1969, se hacía del acontecimiento de acontecimientos: la llegada del hombre a la Luna.

Es la historia de este adolescente y de sus poluciones, de esas erecciones que sufre cuando observa cómo (de regreso del campo) una gitana, joven y rubia, le da el pecho a su bebé. Es la historia de sus lecturas, que basculan de las novelas de Jules Verne o de H.G.Wells al estudio de materias menos ficticias, la astronomía, por ejemplo, o ejemplares como El origen de las especies o El mono desnudo. De la llegada de los primeros aparatos de televisión a la vida de aquellas gentes, poco importaba que, en un principio, sólo visitasen las casas de los más ricos. De retretes y duchas sin agua corriente. Del padre del protagonista que se levanta antes de amanacer para ir a trabajar al campo. De la tia Loli y del erotismo que desprende su sola presencia.

También es el recuento de viejas cuentas por saldar, de ésas que han quedado en suspenso desde la Guerra Civil, y de las que se hablan en voz baja. La historia, apenas apuntada, de Baltasar, uno de los antiguos caciques de Mágina. De las clases de latín de Don Basilio. De las charlas mantenidas entre el adolecente protagonista, y narrador de la historia, con el padre Peter. Señalar, además, que se nombra en un par de ocasiones a Lorenzo Quesada, habitante de El Sistema Métrico y, por extensión. ciudadano de algunas de las novelas escritas por Muñoz Molina en torno a Mágina. 

Todo este conjunto de añoranzas, más la propia añoranza de lo que el protagoniosta imagina que será el futuro en el año 2000 (futuro improbable e infantiloide, poblado de adelantos imposibles y vuelos a otros planetas del Sistema Solar) es manejado con maestría por el autor para favorecer esa punzada de amargura que sentimos al cerrar el libro, ese sabor a derrota que lo impregana todo, hasta el primer paseo de Neil Amstrong por la Luna.

Para finalizar el 2013, el Habitante Incierto ha afrontado la lectura de otra gran novela escrita por el autor de El Jinete Polaco. Imprescindible para todo el que guste de su prosa y sea adicto a la literatura de verdadero fuste.

En 2014, más libros visitarán la Casa Deshabitada, propios o ajenos.

1 comentario:

  1. "Literatura de verdadero fuste", como tú lo has dicho. ¡Qué fáciles somos para encontrar el talento allá lejos, y qué nos cuesta verlo ante nuestros ojos! Tengo por descubrir a Muñoz Molina, pero sabiendo de tu criterio me puedo apuntar de salida que es un autor colosal. Lo leeré y lo comentaremos. Abrazos :)

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