Blog personal de Alejandro Castroguer

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viernes, 5 de abril de 2013

Llámalo sueño

Llámalo sueño, decía Henry Roth. El sueño del que os voy a hablar dura apenas cuatro horas en la inmesidad de un año.

Desde hace veinte años este habitante incierto de la Casa Deshabitada acompaña de penitente al Crucificado de la Archicofradía de la Vera Cruz (actualmente incluída en las Cofradías Fusionadas) de Málaga. Desde hace veinte años, que se dice pronto. Durante un par de años, cuando una oposición me envió fuera de Málaga a trabajar, llegué a bajar desde Barcelona durante la Semana Santa para ir con Él. Sé que a muchos resultará extraño que manifieste esto, y que encima añada que he llegado a salir descalzo o portando una cruz, máxime si habéis leído mi obra donde hay más de una puñalada a la religión católica. Extraño pero tiene una explicación.


Para explicar lo inexplicable no hay que recurrir a la fe, ni a otras zarandajas similares: solo puedo apuntar que sigo saliendo con mi Cristo en recuerdo de una persona, que es por ella por lo que visto la túnica y me enfundo el capirote con ese prurito de orgullo con que lo hacen el resto de hermanos de la Vera Cruz; pienso en Raquel, en Dori... Lo hago por esa persona, por ella, por ti, abuela. 

Aún sigo viendo tu figura trasegando calle Strachan o Liborio Garcia. Nunca estás más viva que cuando vuelvo a descubrirte a través de los dos agujeros practicados en la tela verde del capirote.

Quien me conoce bien, sabe el lugar que ocupo exactamente en este Vía Crucis (no se me distingue por llevar la cara oculta). Os dejo el vídeo como testimonio de una parte de la poliédrica personalidad del habitante incierto de esta Casa Deshabitada.


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