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martes, 25 de diciembre de 2012

El caso de la pizarra embrujada, de Ángel Idígoras


Título: El caso de la pizarra embrujada
Autor: Ángel Idígoras
Ilustraciones: Pachi
Páginas: 74
Año: 2012
Editorial: GrupoEditorial33

Sinopsis: La vida del detective Slvestre Paniagua cambia bruscamente un día que pasea por el parque. Allí se entera de que cuatro amigos están atemorizados por un misterio que planea por su colegio. 
Entusiasmado por el encargo de investigar lo sucedido y con la inestimable ayuda de los casos resueltos por su héroe, el detective Toby Smith, sorteará un montón de dificultades y trampas, hasta llegar a la solución del caso de la pizarra embrujada.

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La obra se compone de 14 capítulos breves en los que la agilidad de la narración guía a los lectores (pequeños o no tanto) por los más graciosos y simpáticos vericuetos. Tal como se anuncia en la portada, el caso aparece interrumpido hasta 5 ocasiones por otras tantas aventuras de Toby Smith, ese detective al que admira Silvestra Paniagua y que tanto se parece a Clark Gable. Aventuras de una sola página, sirven de inspiración a Paniagua para resolver alguna duda mínima, y nos arrancan por añadidura una sonrisa. Sería injusto no destacar la labor de Pachi, hermano del autor, en la ilustración del libro, pues hará las delicias de los lectores más jovenes y de los que ya lo son menos. 

Homenaje a los libros de Conan Doyle
 
A Paniagua le acompaña la rana Saturnina que hace las veces de doctor Watson si a aquel se le pudiese comparar con Sherlock Holmes. Aunque a diferencia del célebre doctor, que muchas veces extraía conclusiones erróneas de los casos en que intervenía junto a su amigo, Saturnina en no pocas ocasiones encauza la investigación en el momento exacto en que Paniagua parece algo perdido. 

El resto de personajes, Melchor el quiosquero, Calixto y su equipo de Los Indestructibles, la señorita Berta o Bonifacio el conserje, componen un universo en el que la sonrisa está asegurada. No en vano se nota la mano del dúo Idígoras y Pachi, su humor elegante y sencillo, pero demoledor. El habitante incierto de esta Casa Deshabitada ha descubierto el mismo tono guasón que Enrique Jardiel Poncela, aunque solo sea por telepatía artística o porque ambos autores gustan del mismo tipo de humor, lo que no es poco.

Escrita con evidente soltura por Ángel Idígoras -hay incluso algunas comparaciones de fuste-, es un regalo perfecto para que le leas a tu hijo pequeño antes de irse a dormir, o para que se aventuren ellos solos si tienen más de ocho años. 


El autor

Ahora os dejo con el propio autor, Ángel Idígoras, que ha tenido a bien responder las preguntas que le he hecho llegar. Vamos allá.

-¿Cómo surgió la idea de Paniagua y el Caso de la pizarra embrujada?
-Como tantas otras historias, las de Paniagua surgen de un hecho real, en este caso doméstico. Ocurrió que andaba yo cuidando a mis tres hijos cuando uno de ellos llegó a casa algo nervioso porque en las paredes que están junto a los ascensores, algún vecinito había hecho una pintadas. En una ponía "Cristina y Javier son tontos", y en la otra "Sergio e Ignacio son tontos". Así que, para entretener a los niños esa tarde, nos haríamos detectives e intentaríamos descubrir al "culpable". Lo primero que les sorprendió es que, nada más ver las pintadas, supiera la altura del autor. "Todo el mundo, cuando escribe de pie, lo hace a la altura de los ojos", les dije poniendo cara de Sherlock Holmes y causándoles una gran sorpresa. Vivo en un recinto cerrado lleno de niños, así que pudimos descartar a los que sobrepasaban esa altura y a los que no llegaban a ella. Luego se nos ocurrió comprar una libreta y, con la excusa de reunir autógrafos para el recuerdo, pedir que escribiran algo. Al final logramos descubrir al autor de las pintadas, que resultó ser el tal Sergio -mi sobrino, por cierto-, que habiendo escrito contra Javier y Cristina, se asustó y se autoinsultó para confundir a los investigadores del caso.
Fue así como surgió la idea de Paniagua, detective sin trabajo que, para entrenarse hasta que llegue su gran caso que le dé fama, se entrena resolviendo pequeños misterios infantiles.

-¿Para qué lectores está escrita, para niños de todas las edades, incluídos los más de treinta años?
-Jodorowsky dice que las edades no se sustituyen, sino que se superponen, es decir, no se deja de ser niño para ser adolescente, ni se deja de ser adolesente para ser adulto, etc. Un anciano sería a la vez, bebé, niño, adolescente, adulto y anciano. Creo que los libros infantiles pueden ser disfrutados por todos, igual que las películas de dibujos o la magia infantil, sólo hay que llamar al niño que aún se sigue siendo ya adulto y que suele estar agazapado entre la montaña de problemas que tenemos a diario. Por el otro extremo, creo que a partir de los siete u ocho años es una buena edad para conocer a Paniagua, aunque me gustaría que los más pequeños lo leyeran con sus padres, creo que es bueno, con todos los libros, que los niños vayan un poquito por encima de su nivel, eso les ayudará a comprender mejor algunas cosas de la vida.

-Guardando el debido secreto en estos temas, ¿tienes nuevos proyectos para Paniagua?
-Estoy esperando a ver qué respuesta tiene este primer libro de Paniagua, y deseando que vaya bien, porque si es ese el caso, estoy deseando empezar su seguda aventura, que irá sobre fantasmas. Tengo pensado un libro con pequeños casos de dos páginas cada uno, para que el lector juegue a descubrir la solución.


Resumiendo: Una magnífica iniciación para pequeños lectores y futuros sibaritas del universo de Sherlock Holmes. Regalo ideal de Reyes.

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