Blog personal de Alejandro Castroguer

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domingo, 28 de octubre de 2012

El Jardín Impío, de Juan Miguel Fernández



Título: EL JARDÍN IMPÍO
Autor: Juan Miguel Fernández
Año: 2012
Editorial: Dolmen
Páginas: 290




Sinopsis: El Jardín Impío comienza con un espantoso crimen y continúa como un “tour de force” en el que varios personajes comprenden que cuando no alimentas bien a determinado tipo de seres vivos, ellos tienen las herramientas precisas para garantizarse su supervivencia.



El verdadero valor de la novela es que no trata de copiar esquemas ya trillados o que versione, con mínimas diferencias, lo ya escrito y/o filmado por otros. No. Juan Miguel Fernández se ha lanzado a escribir una obra única que, indudablemente (cómo no), bebe de los orígenes romerianos, pero que se diferencia del resto de las editadas por la Línea Z Dolmen en dos aspectos. A saber: uno, el origen de la infección nada tiene que ver con virus ni guerras bactereológicas; y dos, la ambientación está lejos de territorios ya eplorados, léase nuestras ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla...) o las urbes yanquis. 



El origen de la infección y su transmisión. Es lo más original de la novela de Fernández, no en vano le da título. En los tres primeros capítulos (una suerte de prólogo) se cuenta la historia de Rosa, que esconde en su jardín un ejemplar de la Joya de Babilonia, una planta muy especial. Durante cierta noche de invierno, el horror se desata. Al principio no lo sabemos, pero la Joya demanda su cuota de sangre y Rosa va a experimentar con un tipo de sacrificio nuevo; nada de degollar a pequeños animales. Porque la dichosa planta precisa de la sangre para alimentarse, para crecer. Será ella la que transmita la infección, la reina de los zombis, la que mueva a los muertos vivientes a su antojo para que estos, a su vez, ayuden a la Joya a extender sus raíces (no explicaré más para evitar los spoliers).


La localización. Lejos de grandes ciudades, el autor nos lleva al campo. A Villa Nova, un pueblo emplazado en las montañas. Aquí todo el mundo se conoce, y cómo no, recelan de la casa a las afueras, aquella en que viviera Rosa y su marido. Me gustaría destacar la escena de la mina y, tal vez, señalar que Fernández dejó escapar una oportunidad única para ahondar en ella. Porque hubiera hecho que la novela aún fuera más diferente al resto. Rápidamente el cerco se estrecha sobre los supervivientes y sobrevivir se convierte en un milagro.


Novela que bebe directamente de Algernon Blackwood o de H.P.Lovecraft, en este ascendente radica su mayor valor. Eso no quita para que la acción esté narrada con ritmo y que el interés del lector se mantenga hasta el final. Habrá que seguir a este autor.





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