Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO" y "EL MANANTIAL", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

jueves, 23 de julio de 2015

Más aterrador que "El Manantial"



Mi novela "El Manantial", pese a su extremada crudeza, su desatada violencia, es un cuento de niños al lado de este demoledor documental. No hay palabras para describir el horror que encierra y que muestra a todo aquel que quiera "hacer la conexión". 

“De todas las películas que he hecho, ésta es de la que más gente habla. Por cada persona que ve Earthlings, esta persona le hablará a tres personas más sobre la película.” – Joaquin Phoenix, afamado actor, narrador en Earthlings.

Earthlings es un documental ganador de múltiples premios, producido y dirigido por Shaun Monson y coproducido por Persia White. La película fue narrada por el actor de Hollywood y activista de los derechos de los animales Joaquín Phoenix. La música es del también activista Moby.



domingo, 19 de julio de 2015

Una antología de Elia Barceló



Título: La Maga y otros cuentos crueles
Autora: Elia Barceló
Año: 2015
Páginas: 304
Editorial: Cazador de Ratas


Texto de contraportada: Cuando te regalan una caja de bombones, quizá eres de los que, después de inspeccionarla cuidadosamente, se comen primero los que más le gustan. O quizá sea al revés, y te gusta dejar los mejores para el final. Elia Barceló nos ofrece una caja llena de mundos posibles. Si estuviera llena de bombones, sería muy difícil —si no imposible— elegir en un sentido u otro. Todos, por supuesto, están envenenados.
Cada uno de los relatos es distinto al anterior, sorprende de una manera nueva, asombra por otras razones. Cada crueldad —porque el título hace justicia— tiene un sabor diferente. Es fascinante cómo la autora juega con el lector ofreciéndole una realidad solo para, poco después, romperle los esquemas e introducirlo en un mundo en el que nada es lo que parece.   


Elia Barceló


Al inicio del libro es la propia autora quien explica cómo surgió la posibilidad de reunir este puñado de cuentos. Y cuál fue la razón que le llevó a elegir el título que, a la postre, da nombre a este nuevo volumen editado por Cazador de Ratas. Hay que leer el prólogo para oir a Barceló, en su propia voz. 

Procedamos, con brevedad y justeza, a dibujar el inicio de cada uno de los relatos, a modo de señuelo para futuros lectores.

Tinta Violeta: Chiara Valle, profesora en el Instituto Petrarca de París comienza a recibir notas que huelen a gardenia. En ellas, le piden que apruebe a Lisa Campbell una estudiante no muy brillante (yo también la suspendería por entregar un trabajo anodino sobre “Si una noche de invierno un viajero” de Calvino). Narrado en segunda persona, es un relato que se retuerce a medida que se agiganta la intriga.

Desde mi ventana: La narradora regresa a casa después de una extenuante jornada de trabajo (es rectora de universidad). Por fin es viernes, y eso lo cura todo. Es ocasión de disfrutar, desde la atalaya de su ventana, de la vida sexual de Mara, una mujer a la que desea con pasión de entomóloga.

La decisión de una dama: Julia escribe a Marta, antigua compañera de conservatorio y ahora famosa cantante; en la carta le anuncia su inminente suicidio. Por puro aburrimiento, no hay mayor causa que ésta. Será la primera de una larga serie de cartas a través de la cual obtiene una infrecuente sensación de libertad.

Los ojos de Jaime: Lydia cree haber visto a Jaime después de más de veinte años. Como consecuencia, un aluvión de recuerdos la asalta a traición. Cuidado, Lydia, que Jaime saldrá a tu encuentro antes de que llegues a casa.

Ritos: Santa Rosa es un pueblo costero que se debe por entero, durante el mes de agosto, a los veraneantes. Pero sólo durante agosto; septiembre es un mes vedado para ellos y para goce exclusivo de los lugareños. Sin excepciones. Ralf Stranberg, surfista, tiene la desgracia de enamorarse de una chica de Santa Rosa y decide que es hora de asentarse en Santa Rosa.

La llegada: Un catedrático sufre un accidente en un bosque en el que se ha perdido mientras iba camino de Dresde. En su ayuda acude una jovencita muy extraña que le concede la perspectiva de pedir un deseo.

Oscuro, como un cristal: Relato que aúna, con estilo poderoso y seductor, la realidad que acontece en una película y la ficción que late en el vientre del cine donde se proyecta aquélla. ¿O era al revés, señora Barceló?

Jardines invisibles: Lorenzo y Marisa, camino de Nerja a donde viajan de vacaciones, comentan ese mar de plástico que son los invernaderos que quedan a un lado de la carretera. La autora se detiene en este pareja para contraponerla a la formada por Fahrid y Ahmed, dos musulmanes sin papeles, que deciden pasarlo bien bajando a Nerja.

El regalo: La protagonista decide llevarle un regalo a una compañera de trabajo. Y ha pensado en un libro autografiado de su autor favorito, César Hidalgo. Por dibujar con singular acierto a un escritor prostituido a la mercadotecnia editorial, éste es uno de los relatos más sibilinamente crueles de la colección.

La quinta ley: Otto Frick, jubilado, con ciento veinte años a sus espaldad, trabaja como voluntario en el Museo Isaac Asimov de Hannover. Roy, un androide, es su único amigo y “familiar”. El mundo ya no es lo que era, tanto que el señor Frick navega medio perdido entre el caudal de recuerdos. Sin duda, cualquier tiempo pasado fue mejor. Sobre todo cuando se entera de que, en el plazo de un año, el Museo y todo el enorme complejo que comparte con otros edificios, serán transformados en viviendas.

Anunciación: Es el relato más breve de toda la colección. Nos habla de una presencia vivificadora en mitad del sueño.

Cobarde: El señor Guerrero acude a una extraña casa donde se celebra una extraña cena. ¿Con qué pretexto acude allí? Pues con el mismo que mueve a los otros comensales: el de recordar los viejos tiempos.

Alana: Poco a poco el lector irá registrando, en la memoria o en el estómago, según el caso, distintas referencias a famosos cuentos infantiles por todos conocidos. Es la historia de Alana y Martín, contada con especial delicadeza.

La Maga: Relato que da nombre a la antología, pues no en vano es el más extenso y, tal vez, el más hermoso y cruel de cuantos anidan en esta publicación de Cazador de Ratas. Se inicia con la compra de La Maga, una casa de la que quiere desprenderse cierta anciana: Marion y Fred, los orgullosos dueños de esa maravilla (es la casa de los sueños de cualquiera), se trasladan allí con sus tres hijos. La narradora de la historia, la hermana de Marion, no puede dejar de sentir cierta envidia; a ella también le gusta esa casa, que por otra parte les tiene reservados, a todos, no pocos descubrimientos.



El Habitante Incierto posa con La Maga


Al final de cada relato, la autora retoma el protagonismo alcanzado durante el prólogo para contar, con brevedad, las circusntancias personales y/o artísticas que confluyeron en la creación del cuento en cuestión. Dada la brillantez con que están narradas las historias, no es necesario escuchar a Barceló, pero ella sabe decir lo justo para conseguir que se nos dibuje una sonrisa cómplice en los ojos y nos dispongamos a leer la siguiente.

Añadir que, aquí y allá, la narradora muestra cierta sensibilidad musical: detalle a subraycar porque no suele ser habitual en otros escritores de género, más interesados en el cine más actual o en los videojuegos. La música clásica aparece, pues, para completar el dibujo de ciertos personajes. La autora habla de Bach, del Aleluya de Mozart y de la Fantasía sobre temas de Carmen, de Sarasate. También de la ópera homónima compuesta por Bizet. De La Flauta Mágica, de Mozart. De la Sinfonía Heroica, de Beethoven. O de un nocturno, de Chopin.   


En definitiva, una antología de lo más variada, que muestra con insólita naturalidad el dominio alcanzado por una narradora que sabe contar lo justo para hipnotizar a los lectores. Crueldades diarias, a veces sangrientas, a veces indoloras. Crueldades civilizadas, a veces soñadoras, otras demasiado terrenales. Crueldades en dosis justas; pero suficientes para destrozar a los personajes que Elia Barceló maneja con pulso firme.

sábado, 18 de julio de 2015

Raíces y ruinas





Un pedazo de tierra es ocupado por treinta millones de seres humanos que se creen obligados a no mezclarse en la existencia de sus vecinos, clavados como raíces en el contiguo pedazo de tierra. 


Sepulturero, qué hermoso es contemplar las ruinas de las ciudades; pero más hermoso es todavía contemplar las ruinas de los humanos. 


Canto I, Los Cantos de Maldoror
Conde de Lautréamont 

martes, 14 de julio de 2015

La web de Alejandro Castroguer

A través de este enlace podréis acceder a la web/blog de Alejandro Castroguer: http://alejandrocastroguer.blogspot.com.es/




En ella encontraréis una biografía, la ficha de sus novelas, las antologías que ha coordinado, los relatos que ha escrito para otras antologías, una galería fotográfica, notas de prensa, radio y tv, y un mail para ponerse en contacto con él.

domingo, 12 de julio de 2015

Ha muerto Jon Vickers

Jon Vickers, año 1991, fotografía de Harry Palmer

Ayer día 11 de julio de 2015 murió JON VICKERS, según parece después de un largo proceso de Alzheimer. Así que es ésta ocasión perfecta para hacer una breve semblanza de él y que el Habitante Incierto de esta Casa Deshabitada hable de cómo y cuándo oyó hablar por primera vez de este tenor canadiense.

Biografía extraída de Wikipedia: Jon Vickers (29 de octubre de 1926 - 11 de julio de 2015) formado en Toronto, debutó en el Royal Opera House de Londres en 1956, y en Festival de Bayreuth en 1958 como Sigmund, uno de sus roles más representativos, en El anillo del nibelungo de Richard Wagner. Durante los años 60 y 70 fue uno de los cantantes más requeridos por los teatros internacionales. Entre aua cualidades se suele destacar el poder y sutileza de su voz, su complexión física fornida y musculosa, y sus cualidades dramáticas. Actor de intensidad desconocida en los escenarios líricos, su desempeño en escena será recordado como Jason (junto a Medea por Maria Callas), Don José (junto a Carmen con Grace Bumbry), Otello (junto a Renata Scotto o Mirella Freni), Siegmund (junto a Leonie Rysanek o Régine Crespin), Samson (junto a Shirley Verrett), , Neron (junto a Gwyneth Jones como Poppea), Florestán (junto a Christa Ludwig o Helga Dernesch), Pollione (junto a la Norma de Montserrat Caballé) y muy especialmente como Tristán junto a Birgit Nilsson.



¿Cuándo oyó el Habitante Incierto hablar por primera vez de Jon Vickers? Juraría que fue a raíz de la compra de El anillo de nibelungo que Herbert von Karajan grabó con la Orq. Fil. Berlín. ¿De qué año estamos hablando? Tal vez de 1985, 1986. En esta grabación (por aquel entonces aún se escuchaban elepés) Vickers interpretaba a Sigmund en La Walkyria, junto con Regine Crespin y Marti Talvela. Desde el principio sorprendió al Habitante esa capacidad del canadiense de vaciarse en los momentos culminantes y de plegar su poderosa voz para decir las frases más delicadas con unos matices incalcanzables para otros tenores de su estilo y cuerda. Más o menos fue por aquella época cuando compró el Tristán e Isolda que Vickers grabase, de nuevo, bajo las órdenes de Karajan. Cantaban con él Helga Dersnesch, Christa Ludwig y Walter Berry. Más allá de los posibles reparos que se le pueden poner a estas versiones karajanianas, lo cierto es que las prestaciones de nuestro homenajeado están fuera de toda duda.


Tuvo que ser poco después cuando el Habitante tuvo ocasión de ver en Televisión Española (sí, a finales de los años ochenta se emitía ópera en televisión) su recreación del Peter Grimes, obra de Benjamin Britten. Ese viejo marinero, gruñón y desabrido jamás ha estado tan bien interpretado como en esas representaciones del Covent Garden bajo la dirección de Colin Davis. Ni siquiera Peter Pears (tenor para el que fuese creado el papel) consigue superar una versión como ésta, hecha fuego. Desde entonces, y ya han pasado casi 30 años, siempre ha sido un rendido admirador de este tenor, tanto que hoy no ha podido reprimir una mueca de dolor cuando se ha enterado de su muerte, acontencida ayer.
 
Añadir que, tanta era la admiración que le profesaba, que el Habitante eligió el nombre de Johnny Bíquer para uno de sus dos protagonistas de la novela El bailarín de claqué. Para finalizar, ha elegido esta pequeña muestra de su arte, un par de vídeos en que poder ver y escuchar al tenor canadiense en algunos de sus mejores papeles. 

Descanse en paz, Jon.






viernes, 10 de julio de 2015

Zombies de Leningrado, de J.Cosnava



Título: Zombies de leningrado
Autor: Javier Csonava
Año: 2015
 
Páginas: 304 páginas
Editorial: Dolmen


Sinopsis: Más de un millón de personas murieron de hambre, fueron devoradas o parcialmente comidas. Muchas más que en la mayoría de las novelas zombis.
Hasta el último suceso está basado en hechos reales, con nombre y apellidos. Salvo un par de personajes inventados, que no conviene revelar para no desvelar la trama, el resto existieron realmente y vivieron el infierno de Leningrado. Descubre ahora cuál fue su destino.





Javier Cosnava (L`Hospitalet, 1971) es uno de los autores más versátiles de España, capaz de dividir su producción literaria entre la narrativa popular (la denominada pulp), y la más exigente narrativa de autor. ¿Ejemplo de ello?, las dos novelas de género que, adscritas al género zombi (con todas las reversas y matices a añadir a esta catalogación), Cosnava ha publicado en papel hasta la fecha. Si esta “Zombies de Leningrado” que nos ocupa, editada por Dolmen, se agrupa en la vertiente más popular de su obra, por el contrario la publicada por Suma de Letras, “1936Z Guerra Civil zombi”, representa y ejemplifica la otra línea, la narrativa de autor. Una doble carrera, o una sola con dos direcciones distintas, al alcance de casi ninguno de los autores españoles del género de los muertos vivientes.


Versatilidad, por otra parte, que le permite (amén de la división comentada) trabajar para el cómic en Francia y/o España, acercarse al género histórico con una rigurosidad más que destacable, componer alguna que otra novela negra o coquetear con el terror. No hay más que navegar por Amazon, donde Cosnava ha centrado de momento su carrera (es un firme defensor del libro electrónico), para comprobar la cantidad de géneros que ha abarcado. 


Que el autor de “Zombies de Leningrado” sea el más versátil de cuantos conozco pudiera o no ser objeto de debate; donde no cabe objeción alguna es a la hora de catalogar a Cosnava como el novelista más prolífico de cuantos residen en nuestro país, capaz de escribir a un ritmo que supera con creces la capacidad lectora de sus seguidores. Una potencia artística que tiene su explicación: basta con leer o escuchar alguna de sus entrevistas para saber que es un firme valedor de la “escritura por voz”, dictar las novelas a un micrófono y que el pertinente programa transforme la voz en texto. Puntualizar que ésta es una técnica que domina desde hace unos años y que emplea únicamente en la narrativa popular. 


Producto del encargo realizado por Jorge Iván Argiz, “Zombies de Leningrado” es una novela que Dolmen ha alumbrado dentro de su Línea Z. Si “1936Z Guerra Civil zombi” no es una novela de muertos vivientes al uso, tampoco lo es ésta. ¿La razón? No hay zombis tal y como George Romero los definió, o creó, con su archifamosa “La noche de los muertos vivientes”. Aquí no encontraremos una extraña radiación que resucita a los cadáveres, ni un potente fungicida que obra un milagro semejante; tampoco hay infectados similares a los que pueblan “28 días después”, film de Danny Boyle: no estamos, pues, ante una enfermedad contagiosa capaz de saltar fronteras y superar controles sanitarios. Alguien podría afirmar que, en tal caso, ni tan siquiera nos enfrentamos a una novela de zombis. Tal vez tenga razón… si su estrecho margen de maniobra es el patrón creado por George Romero.


Los habitantes de Leningrado no mueren y resucitan poco después, es verdad. Tampoco están infectados, cierto. En esta obra la enfermedad mortal, ésa capaz de poner en jaque a las autoridades, la epidemia que asola la ciudad, no es otra que el Hambre. Sí, escrita con mayúsculas: en febrero de 1942, bajo el asedio de las tropas alemanas, Leningrado se devoró a sí misma, se evisceró en aras de la supervivencia. Tal y como enumera el autor en la novela, a lo largo de diciembre de 1941 murieron en sus calles 50.000 habitantes; en enero de 1942, unos 100.000 más. Es lógico pensar pues que la locura total se desatará durante el mes siguiente.  


“Hay un momento para vivir y un momento para morir. Y Leningrado es el lugar y el momento justo donde Rusia, el continente antero, la humanidad entera… han venido a morir.” Con estas palabras se inicia esta novela. Aquí el Hambre es la enfermedad contagiosa, y los hambrientos que vagan sin rumbo, los más voraces caníbales. No han regresado a la vida tras la muerte, no; pero el instinto caníbal es muy parecido al que envilece a los zombis romerianos. Una ceguera que no alcanza a ver más allá del próximo bocado. Cuando la ración de calorías que un humano necesita a diario ronda las 2000, hay que recordar que aquella pobre gente malvivía con apenas un 10%, en torno a 200.


Añadamos a todo lo expuesto, para reafirmar que pese a todo ésta es una novela de zombis, que los protagonistas de la novela no dejan de correr a través de la urbe, que son continuamente perseguidos por los caníbales más pertinaces, que las armas se muestran a veces inútiles ante la fuerza de la desesperación y la hambruna. En pocas palabras, es una novela zombi casi de manual, sólo que los muertos aquí no están muertos. Al menos todavía.


Tania, de diez años de edad, experta en huir de los Masticadores; Catarina, 15 años, la narradora de esta historia; Prokofiev, un perro de pequeño tamaña, y Anatoli Kubatkin, sargento mayor de la NKVD, policía Antimasticadores, son los cicerones que mostrarán al lector el camino de ese infierno en que se convierte la ciudad.


El autor, tal y como expresa en los jugosos apéndices, unifica sucesos y acorta distancias con objeto de que la acción no decaiga en ningún momento. Todo con tal de no dar respiro a los lectores. El peligro acecha en cualquier esquina, bajo la apariencia más insignificante. Antes de que los protagonistas puedan descansar o asimilar lo sucedido en el capítulo anterior, emprenden de nuevo la huída. Los zombis lentos, o Masticadores, y los rápidos, o Comepersonas, no dejan de acecharles. De entre todas las escenas destacaría la del zoo, esa historia de Belle, la hipopótamo que sobrevive al asedio, y la historia de la estación experimental de Pavlov.


Es verdad que, tal y como sostiene el propio Cosvana, la novela está escrita de una tacada y se lee de un tirón, carece de los flashback y del estilo barroco de su anterior “1936Z Guerra Civil zombi”, y no diversifica la acción en diferentes tramas. Todo sucede sin pausa, sin dobleces. Las fieras son fieras y las víctimas son víctimas. Nada que objetar pues si la intención del novelista era ésa y ha sabido llevarla a buen puerto con su habilidad acostumbrada.   


Una aventura escrita a tumba abierta, para disfrutar sin freno o en caída libre. Que hará las delicias de los lectores habituales del género Z y de los que no lo son tanto.

miércoles, 8 de julio de 2015

La belleza en música tiene nombre

Os dejo esta Oraison para cuatro ondas martenot. Escrita por Olivier Messiaen en 1937.