Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO" y "EL MANANTIAL", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

viernes, 24 de abril de 2015

Morir es relativo, de Cruz Acillona y Barquero


Título: Morir es relativo

Autores: Eduardo Cruz Acillona y Miguel Baquero

Páginas: 115
Año: 2015
Editorial: Cazador de Ratas

Sinopsis: Miranda del Campo es un pueblo catalogado como “municipio muy conflictivo”. Además de su alto índice de criminalidad, en él suceden continuos fenómenos extraños, misteriosos, casi paranormales a los que la población, no obstante, ya lleva tiempo acostumbrada.

Allí llega el nuevo comisario, Julio Ballesta, dispuesto a adornar su hoja de servicio con los méritos suficientes que le permitan aspirar a dirigir alguna de las grandes comisarías del sur y cumplir su sueño: liarse a tiros contra las mafias de medio mundo.

Lo primero que se encuentra en su nuevo despacho es una caja que contiene gran cantidad de informes de casos que nunca pudieron ser resueltos. Él cree que esa caja será la llave que le abra las puertas de su ansiado destino. Pero, como ya les sucedió a los comisarios que le precedieron en el cargo, es más que posible que se equivoque…



Recientemente editada por Cazador de Ratas en su Colección Capote, “Morir es relativo” se abre con un capítulo a modo de prólogo, el número uno, y acaba con una suerte de epílogo, el último capítulo. Y aunque parece una obviedad, no lo es tanto, pues la estructura adoptada por los autores es precisamente ésa, una introducción con que presentarnos a los personajes principales y una conclusión donde contarnos cómo acaba cada uno de ellos tras que hayan transcurrido los diez casos, a cual más estrambótico, que median entre una y otra. Estos casos son el verdadero eje de la obra y responden a estos nombres: “Un tipo realmente agradable”, “El maquinista aplastado”, “Un cadáver sin prisas”, “Un cuñado reincidente”, “Asesinato en la Catedral”, “Todo está en los libros”, “El asesino del sobre”, “Tanto monta, monta tanto”, “Asesinato en la montonera” y “Un serial killer mirandeño”. Una estructura tan sencilla como efectiva.


Si en “Cuñados anónimos” Cruz Acillona y Baquero se propusieron dinamitar con exceso de mala baba el género del terror psicológico, aquí han querido hacer el mismo ejercicio con el género policíaco. En palabras de Cruz Acillona para El Correo de Andalucía: “Imagínate que la novela Diez negritos, en vez de un caserón, tiene lugar en el pueblo de Amanece que no es poco.” Una mascarada que, no obstante, tiene mucho de crítica social. De inoperancia. De envidias. De delirios. De compromisos rotos. Hay momentos verdaderamente hilarantes: qué decir de la muerte en la montonera de jugadores de fútbol, del bingo de muertos, de la investigación en la catedral…



Así comienza la novela: Como un contratista en el despacho de un concejal de urbanismo. Así irrumpió Julio Ballesta en la sede central —y única— de la Policía Nacional en Miranda del Campo. En la entrada, el ordenanza de recepción, Casimiro —mal nombre, todo hay que decirlo, para quien tiene por misión estar pendiente de quién entra y quién sale—, funcionario dependiente del Ministerio del Interior, desaprovechó la oportunidad de quedarse callado cuando le vio aparecer y, acto seguido, tomar el camino del pasillo que daba a las distintas comandancias. Casimiro entonces le alzó la voz: «¡Eh, oiga, usted! ¿Dónde cree que va?».

Ballesta, recién destinado a aquella comisaría, se miró el pecho y, elevando despacio su mirada hacia aquel sujeto con cara de becario sin novia, dijo:

—A la izquierda llevo mi pistola reglamentaria. A la derecha, la designación oficial que me nombra Comisario Jefe de esta dependencia. ¿Qué prefiere que le enseñe antes, como se llame?...



La obra permitirá al lector conocer la geografía del Miranda del Campo, escenario de todas y cada una de las desopilantes aventuras recopiladas por Cruz Acillona y Baquero. La Avenida del Ferrocarril. La catedral churrigueresca. El estadio de fútbol Winston Churchill y el equipo que juega en él, el Misil Mirandeño, todo un tercera división perenne. El río Benaya, donde los estudiantes arrojaban los apuntes al finalizar el curso antes de las rabietas ecologistas. El pub de alterne Momentos. La empresa de productos cárnicos Productos Pérez y la fábrica de papelería de los Hermanos Berti, emplazadas en el polígono industrial. La biblioteca que lleva más de tres años cerrada. El bingo. Y la comisaría, cómo no, donde Julio Ballesta, el nuevo comisario, trata de resolver los casos más extravagantes con la ayuda de Aurelio Sánchez, el narrador y su ayudante. Un pueblo acostumbrado, por demás, a los más extraños sucesos: repentinas granizadas en mitad de agosto, aparición de naranjas en árboles que distan mucho de ser naranjos, farolas que parpadean como si fuesen semáforos…



Amén de dibujar a Miranda, los autores se centran en la pareja de policías, el comisario Ballesta y su ayudante Sánchez. El primero viene a sustituir al anterior comisario, Carlos Clot (que ha acabado sus días en Marina D’Or, que dista mucho de ser un destino turístico), que sustituyó a su vez al comisario Espantoso. Hambriento de prestigio y de conseguir un destino mejor que le permita liarse a tiros con la mafia de medio mundo (tal es su sueño), Ballesta no duda en desempolvar una caja guardada en su despacho y que contiene, bajo el epígrafe ASRJ (Asesinatos Sin Resolver), los casos no resueltos que se han ido acumulando con los años. Y es en ese trasiego de sospechosos y deducciones imposibles donde el retrato de ambos policías se completa poco a poco.



Parece obvio mencionar el parentesco de la pareja Quijote y Sancho Panza cuando hablamos de Ballesta y Sánchez. Pero tampoco hemos de olvidar a Holmes y Watson, no tanto el detective y médico originales de Conan Doyle, como los apócrifos creados por Enrique Jardiel Poncela. Y es que Poncela hace gala de un humor absurdo que emparenta con el practicado, a bocajarro, por Cruz Acillona y Baquero. Señalar, además, que en el capítulo siete (“Todo está en los libros”) se hace referencia a novelas canónicas del género negro o policíaco, a saber de Carlos Salem, Pedro de Paz, Montero Glez y Ray Bradbury.



Una obra que se bebe en un suspiro, que te deja un agradable sabor de boca y una sonrisa dentífrica. Una novela menos inofensiva de lo que parece a primera vista.

lunes, 20 de abril de 2015

Un poema cualquiera

Torturador y espejo
Mario Benedetti
 

Mirate
así


qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia
qué paliza paterna te generó cobarde
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado

no escapes a tus ojos
 

mirate
así

 

 dónde están las walkirias que no pudiste
la primera marmita de tus sañas

te metiste en crueldades de once varas
y ahora el odio te sigue como un buitre

no escapes a tus ojos
 

mirate
así

 

 aunque nadie te mate
sos cadáver

 

aunque nadie te pudra
estás podrido

 

dios te ampare
o mejor
dios te reviente.



domingo, 19 de abril de 2015

Recomendación del mes de abril


Título: Los secretos de San Gervasio
Autor: Carlos Pujol
Año: 1994
Páginas: 205
Editorial: Pamiela


Carlos Pujol


Situar cronológicamente esta aventura holmesiana respecto del Canon holmesiano no es sencillo. El doctor Watson recuerda un caso que Holmes resolvió gracias al estudio de un botón y que tenía por intriga un asesinato en Greek Street, concretamente en una "casa georgiana tan rococó". Como quiera que el susodicho caso se antoja inventado por el propio Pujol, es inútil tomarlo como referencia. Acaso debamos tener el cuenta el siguiente dato: Watson aún pemanece soltero. Gracias al cual podríamos intentar situarlo con anterioridad a 1886-88. En cualquier caso, lo único cierto es que el detective y su inseparable amigo viajan hasta España, concretamente a Barcelona, y más aún a San Gervasio.

A altas horas de la madrugada, Holmes y Watson reciben en Baker Street a dos señoritas, hermanas por más señas, de nombre Miss Eulalia y Miss Angélica Vilumara. Don Pelegrín, su padre, que ha acumulado una notable fortuna gracias a su fábrica de tejidos, ha desparecido misteriosamente, hace ya dos meses. Desde entonces, nada se sabe de él. Como es de suponer, el detective asume el caso. Otra cosa es que desconfíe de las verdaderas intenciones de las hermanas. 

Nada es lo que parece en esta aventura: el olfato de Sherlock no le engaña. Elemental, querido lector. Don Pelegrín no ha desaparecido, ni es padre de las hermanas Vilumara. No hay más que novelería en un caso que no ha hecho más que comenzar en cuanto Holmes y Watson ponen un pie en la ciudad condal. Entre pista y pista, Carlos Pujol se obstina en confrontar las costumbres españolas (la obsesión por gritar en toda ocasión y momento, las comidas, el tabaco, la feliz idea de la siesta) con la idiosincrasia británica, confrontación de la que brotan no pocas reflexiones del célebre doctor y algunas sentencias del desconfiado detective. No obstante, uno y otro no tienen reparos en abrazar como suya la sana costumbre de la siesta.

Manicomio de Nueva Belén, San Gervasio

Una vez descubierta la añagaza inicial, la de la desaparición de Don Pelegrín, la pareja de amigos habrá de enfrentarse a la aparición un muerto, que se antoja como caído del cielo en mitad de una vaguada llamada Torrente del Diablo, y una desaparición o rapto del todo punto inexplicable, pues es imposible que la viuda Barnils haya desaparecido sin dejar el más mínimo rastro. Añadir que aparecen escenarios tan barceloneses como las Ramblas, el Tibidabo o el manicomio de Nueva Belén, situado en San Gervasio.

Publicada en 1994 por la editorial navarra Pamiela (en su colección Ilargia Literatura donde publicaron también autores como Muñoz Molina, Martín Santos o Sánchez-Ostiz), "Los secretos de San Gervasio" es un pastiche perfectamente escrito que hará las delicias de los lectores de tan exclusivo género. Muy recomendable para quien quiera conocer a Holmes y Watson comiendo huevos fritos y pa amb tomàquet, durmiendo en una fonda donde todos se llaman a gritos o fumando tabaco español. 

Sin duda, una rareza. Luego que nadie diga que el Habitante Incierto de esta casa deshabitada no se lo advirtió.

lunes, 13 de abril de 2015

Ego y Yo, de Yolanda Regidor


Título: EGO Y YO
Autora: Yolanda Regidor

Año: 2014
Páginas: 240
Editorial: Almuzara

Sinopsis: "Ego y yo" relata en primera persona los avatares de dos amigos en un trayecto de cuatro días. En tan solo ese tiempo, y sin alejarse apenas de su punto de partida, el narrador vivirá, gracias o a pesar de su acompañante, experiencias con las que no contaba. Mientras tanto, evoca momentos pasados de vital importancia, bolas de preso que le impiden avanzar. El motivo del viaje no es el mismo para ambos; para uno es una escapada, para el otro un destino. Sin embargo, sucederá algo que alterará el rumbo previsto, dentro de una trama que esconde su mayor baza hasta el mismo desenlace.

Yolanda Regidor

Esta reseña apareció con anterioridad en Fantasymundo: 
http://www.fantasymundo.com/articulos/6704/ego_yo_premio_jaen_novela_2014_yolanda_regidor_juego_espejos

Cuando uno ha atravesado un laberinto es difícil explicar la razón de cada uno de sus pasos y decisiones. De por qué eligió un camino y desechó otro. Ni cómo la casualidad o la suerte quisieron que uno lograse el éxito en tal empresa. No es que la novela de Yolanda Regidor sea una madeja inextricable (que no lo es), pero al final uno siente que los personajes han estado jugando al escondite, yendo y viniendo a través de tu cabeza con la cadencia propia de sus paranoias y sus peores fantasmas. Así, pues, reseñar esta novela como he hecho con otras se antoja estéril, un esfuerzo baldío. Lo digo en serio.
 
Hablaré de sensaciones. Para empezar, los personajes principales, ese Ego y yo del título, no tienen nombre. Uno cuenta la historia y el otro responde dentro del recuento pormenorizado de algunos sucesos que compartieron años atrás. Uno es la voz; el otro, una suerte de eco. Uno es el señor Blanco, el otro el Negro (permítaseme el juego a lo Tarantino). El reverso y el anverso. El cuerpo y su sombra, o la voz de la conciencia. No es sencillo discernir dónde acaba uno y dónde empieza otro. Leyendo la novela he pensado que, de alguna manera, se trataba de un trasunto de los personajes de “El amante bilingüe” de Juan Marsé, en Juan Marés y en Juan Faneca, en el pusilánime y en el caradura. O al menos a mí me lo ha recordado.
 
Convergen los caminos de los dos amigos, más que en las diversiones que comparten (la pelea en el bar de carretera, la escena en el bar irlandés, la acampada a la orilla del río, la broma del tatuaje o la desopilante trama de la pareja que no puede engendrar un hijo), que también, sus pasos terminan encontrándose en un cruce de caminos que Yolanda Regidor llama Girl, que no es otra que la chica de la historia. En un principio la historia de Ego y yo se antoja que confluyen en el descubrimiento que hacen del cadáver del padre de uno de ellos, ahorcado en su casa. Pero donde en realidad desembocan el anhelo de uno y otro es en ella, en Girl, esa muchacha que encandila a Negro (insisto en la broma tarantiniana), que consigue atemperar la rabia que domina a su chico, y que a la vez coquetea con Blanco. Juego peligroso que también juegan Juan Marés y Juan Faneca, empeñados ambos en conseguir a Norma, la ex esposa del primero. Girl y Norma, Regidor y Marsé se sirven del personaje femenino para mover ficha, para provocar el drama, para tensar la cuerda.
Blanco dice casi al principio de la obra: “La memoria es un misterio; hace y deshace a sus anchas. La mayor parte de las veces nos protege, para que podamos ser felices. Otras, convierte las vivencias en bombas de relojería: se toman su tiempo, pero acaban estallando”. Y eso es lo que sucede en el transcurso de las páginas, que los recuerdos van explotando, abriendo heridas o socavones, proponiendo vías alternativas con las que circunvalar la realidad. Pese a la negativa de Platera, la madre de Blanco, a que siga juntándose con el trápala de su amigo, él desoye sus consejos. Pese a que Platera lo castiga enviándolo a un internado, Blanco buscará a Negro a la salida, aunque sólo sea para desobedecer a su madre. La rebeldía del pusilánime no es gran cosa. Lo digo en serio.
 
Ambos muchachos viven por y para el otro. Blanco se atreve a decir casi a la mitad de la obra: “Mi amigo me era imprescindible para sentir a través suyo lo que yo de ningún modo podría atreverme a experimentar, y él me necesitaba a mí para dejar de percibir tanto y tan excéntricamente, para dar algo de racionalidad a su vida…” Que los dos protagonistas no tengan nombre no es casual, como tampoco lo es que carezcan de ellos los personajes secundarios; acaso a éstos se les permiten el privilegio de contar con un alias, un apodo: Platera, Padre, Girl, Suavón, Dos Cabezas, Moonwalker. Es intención de la novelista conceder todo el protagonismo a las dos voces antagónicas, a estos Cástor y Pólux que se disputan el amor de Telaira. Dejar que sean ellas las que vayan dejando pistas acerca del verdadero misterio que encierra este laberinto de ideas y reminiscencias.
 
Una obra (ganadora del Premio Jaén de Novela) que llama a la risa y a la desesperación, que fluctúa entre la compasión y la crueldad. Una obra con un extraño toque romántico. Una novela que juega a los espejos. Dura. Exigente para lectores poco avezados. Pero que gustará a aquellos que busquen una lectura honda, personal, distinta. A éstos se la recomiendo, y lo digo en serio.

sábado, 11 de abril de 2015

La Revista Cthulhu rinde homenaje a Bradbury

Portada del nº 13 de la Revista Cthulhu, obra de Juan Antonio Serrano


En el próximo número de la Revista Cthulhu, el nº 13 de su serie, dedicado en esta ocasión por entero a Ray Bradbury, hay colaboraciones de Javier Alcázar, Alfonso Bueno, Diego Simone, Manuel Mota, Santiperez, Vicente Navarro, Pedro Villarejo, Emilio Balcarce, Gonzalo Ruggieri, José Oliver, Bart Torres, Álex Ogalla, MED, Alejandro Farias, Gervasio, Jok, Paco Zarco, Roberto Corroto, Caesar, Fátima Fernández, Rafa Vargas, Cabhur, Santi Guillen, Ángel Rodríguez y Juan Serrano. 

En el citado tengo el honor de aparecer con un relato que homenajea al escritor de Crónicas marcianas y Fahrenheit 451. Se llama El atributo más terrícola y bebe directamente de esa melancolía tan propia del maestro. Espero haber estado a la altura del empeño y de la revista.

A modo de adelanto os dejo el inicio del relato. Comienza así:


"En el fragor de Nueva Waukegan, el ocaso no es más que un adorno, un espectáculo demasiado trivial. Tanto como la separación de dos amantes en mitad de un andén espacial abarrotado de pasajeros, que a su vez se despiden de sus seres queridos. Por el contrario en el campo todo es diferente. Resulta un espectáculo mayúsculo: la luz se despide hasta mañana y sólo hay ojos para certificar hasta el más mínimo detalle.

En mitad de la llanura marciana dos sombras se recortan contra las pavesas de la tarde, de pie, junto a la sombra de una tienda de campaña. 

—Hoy es nuestra última noche —advierte Eleonor McClure a modo de epitafio.

A su novio, Buster Drabbury, le faltan las palabras; no sabe si por miedo al futuro o por pura indolencia. Las manos, más locuaces, se apresuran a hablar por él y la abrazan." 

miércoles, 8 de abril de 2015

25 años de Twin Peaks

Hoy, 8 de abril de 2015, se cumplen 25 años del estreno de la que para muchos sigue siendo la mejor serie de la historia. O la que abrió el camino al resto de las que vinieron años después.

Valga desde aquí este modesto recuerdo a la investigación en torno al asesinato de Laura Palmer. 







Para finalizar os dejo su tema principal, compuesto por Angelo Badalamenti. 


domingo, 5 de abril de 2015

Sobre fariseos


Os dejo una frase extraída del capítulo XXIV del Discurso de la Verdad, escrito por Miguel de Mañara en el año 1776. Después de hablar de los hambrientos de fortuna y bienes, de los ambiciosos y de los murmuradores, Mañara afila su pluma y destripa el fariseísmo que ejercen muchos que se autodenominan cristianos. Y lo hace de esta guisa:

También tiene este maldito pueblo sus ermitaños, y penitentes, unos que profesan virtud por sus comodidades, otros que viven solitarios por no hacer bien a nadie, otros que no comen de miserables, otros hacen penitencia porque los alaben; y ha llegado la locura a tal extremo, que hay quien derrame su sangre por parecer bien.