Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO" y "EL MANANTIAL", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos", "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos", "Tenebrae", "Postales desde el Fin del Mundo", "Para mí tu carne", "Antología Z 7 de Dolmen" y "Dimensión B". Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

martes, 25 de noviembre de 2014

Funeral de estado

Esta funeral aparece en el relato que estoy corrigiendo para entregar a cierta editorial: es la capilla ardiente erigida en la Catedral de Westminster, año 1965, en honor a Winston Churchill. Relato que, además, tiene algo de Vera Lynn y despierta ecos holmesianos. 


A medio camino entre los años 1948 y 1965, la historia se asemeja a la serie de relatos Vintage (nada tienen que ver argumentalmente unos con otros) porque elige un año y un personaje concretos como escenario de los mismos. Una serie de la que, por cierto, ya se han publicado "Mis huesos por una piscina" (Vintage'62) y "Cerdo" (Vintage'63) en Sportula, y del que ha quedado inédito "El anfitrión" (Vintage'64)

Pues bien, este nuevo será el Vintage'65 y se llamará "¿Alguien recuerda a Vera Lynn?"

sábado, 22 de noviembre de 2014

Sabio consejo

Consejo de Lon Chaney a Boris Karloff, antes de que éste se hiciese mundialmente famoso: 

"El éxito del secreto en Hollywood reside en ser distinto de los demás. Encontrar algo a lo que nadie pueda acceder. Algo peculiar e intransferible. Hollywood está lleno de actores competentes. Lo que el Cine necesita es talento individual."



(Si cambias Hollywood o Cine por Arte, el consejo es igualmente válido.)

domingo, 16 de noviembre de 2014

La guerra en una imagen (sin palabras)

1945-1946: Submarinos "Enanos" encontrados por los aliados 
al final de la segunda guerra mundial en Japón

viernes, 14 de noviembre de 2014

Recomendación del mes de noviembre


Título: El último viaje de Sorolla
Autor: Antonio Castro-Guerrero
Año: 2013
Páginas: 196
Editorial: Institución Cultural El Brocense, Diputación de Cáceres

Contraportada: Ayamonte, mayo de 1919. Después de llevar años viajando y pintando por España, un Joaquín Sorolla agotado y enfermo llega a la localidad onubense con la firme determinación de realizar su obra más genial: Ayamonte, la pesca del atún. Así podrña poner fin al compromiso, adquirido con el mecenas neoyorquino Archer Huntington para la Hispanic Society de New York, de plasmar su Visiñon de España en catorce lienzos de gran tamaño.


El autor

"Después de llevar décadas pintando al aire libre, he llegado al 
convencimiento de que al paisaje le sucede como a los recuerdos:
en la mayoria de ocasiones es mejor observarlos con cierto distanciamiento ,
reflexiona J.Sorolla el 20 de mayo de 1919.  


Ya lo dijo Ángela Vallvey para hablar de esta novela, ganadora del Premio Cáceres de Novela Corta 2013: ha sido elegida por "la construcción que realiza el autor" por tratarse de una novela "impresionista que se escribe como si se tratase de una pintura" con un "relato sencillo y agradable". Cierto que la construcción de Castro-Guerrero es más que notable: bascula entre escenas escritas en tercera persona y otras en primera, las que narra el propio Sorolla; todo ello con objeto de conferirle una mayor humanidad al personaje. 

Respecto de que la novela sea impresionista no cabe objección alguna: el autor ha trabajado las palabras para que el lector sienta el castigo del sol, el zumbido de las moscas, huela el hedor del despiece de los atunes; para que sienta cómo sopla con fuerza el viento, o disfrute con los olores que desprende el almuerzo, ya sea servido en un barco de la Armada o en la casa de huéspedes donde se aloja el pintor; para que le deslumbre el espejeo del Guadalquivir, o advierta en la distancia la hermana tierra portuguesa. Admirable construcción e impresionismo literario por tanto.

Pero El último viaje de Sorolla es mucho más que un relato sencillo y agradable. Sin duda. Es sencillo, sí, y agradable porque en el estilo de Castro-Guerrero no hay brusquedad, pues todo discurre con la naturalidad de lo que parece que no puede ser de otra manera. Sí. Pero llega mucho más lejos su alcance: es una novela que habla del paso del tiempo, de la vejez, de la enfermedad. Y de paso, de las pasiones más enérgicas (la de la pareja joven) y de las sosegadas (la de Sorolla y Clotilde). De la inmigración. De las clases sociales, de la escasez de cultura, de amistades y venganzas. De maltratos y lealtades. En sus apenas doscientas páginas cabe un caleidoscopio de emociones.

"El tiempo pasa volando y los años se suceden a una velocidad
vertiginosa en cuanto toman la cuesta abajo de la madurez". 

Las dos historias, la de Sorolla y el célebre lienzo y la de María y Cristóbal, convergen o pivotan en torno a Don Quijote. En las comparaciones que hace de contínuo el pintor en referencia a su esposa o en lo quijotesco del encargo recibido por mister Huntington, y en los comentarios que realiza María, la empleada de la conservera, en torno a su lectura. Destacar asímismo las distintas referencias a películas mudas, ya sean de Charles Chaplin o de Cecil B. DeMille, en unas escenas (las del cine) que permiten al autor engradecer las figuras de María y Sorolla.

He de reconocer que, durante su relectura, sufrí varios golpes de emoción, no tanto porque al autor busque la lágrima fácil, que no es ese su objetivo; sino precisamente por todo lo contrario, por su capacidad de contención. Y es que el final (no digo nada más) es sencillamente antológico en su aparente sencillez.

Ayamonte, la pesca del atún
Para finalizar, no cabe mayor elogio que decir que, tras la lectura de El último viaje de Sorolla, nunca más veré de igual manera el lienzo Ayamonte, la pesca del atún. Siempre me acordaré del enfermo y agotado Sorolla y de la historia que se esconde en su composición: la historia de Cristóbal y de María. He dicho. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La Ética de la caca de perro

Ayer día 11 de noviembre de 2014 fue una fecha especial para alguien como el Habitante Incierto, que es escritor por vocación y malagueño por obligación. Y es que fue un enorme placer comprobar cómo la conferencia de Antonio Muños Molina en La Térmica (Málaga) fue un estruendoso éxito. No cabía un alfiler en la sala, tanto que hubo más de un centenar de personas que permanecieron de pie durante los noventa minutos que duró el acto, y otros muchos que no lograron entrar (se denegaba el paso, supongo que por motivos de seguridad).

La fotografía ha aparecido en Sur.es, y es de Carlos Moret.

El Habitante Incierto llegó temprano, en busca de un lugar desde donde oír cómodamente al autor de "Sefarad" (con unos cuarenta minutos de adelanto); y por poco se queda sin asiento. La conferencia empezó con un mínimo retraso, producto de la sesión de fotos a que sometieron al novelista fuera y dentro de la sala. Tras la exposición, excesivamente laudatoria y panegírica del moderador, Muñoz Molina tomó la palabra para, de inmediato, pedir perdón a todos lo que se agolpaban al fondo y no podían sentarse.

A los veinte minutos una parte de la sala quedó en penumbra, no sé si por aquello de ahorrar en presupuesto y gasto inutil de energía, o por rebajar la temperatura a causa del exceso de público. La conferencia transcurrió sin mayores contratiempos: Antonio Muñoz Molina dispone de las suficientes tablas y de la cultura necesaria para meterse al auditorio en el bolsillo, como así sucedió. Habló de tantas cosas que es tarea casi imposible hacer un resumen. Pero lo intentaré.

Habló de la peligrosidad del pensamiento único: "En Andalucía es muy difícil llevar la contraria", apuntó (puso a Andalucía como ejemplo de lo que sucede en otras Comunidades Autónomas, no porque seamos más intelerantes que los demás). 

De la lapidación de dinero público en grandes fastos, léase Olimpiadas o Expo, y ferias locales de todo tipo: "EE.UU. es un país mucho más austero en todos los sentidos que España, que es un país de segunda fila respecto de aquél", añadió.

De la vitalidad de un estado democrático y de su vigencia frente al populismo (no pudo evitar las preguntas de moderador y espectadores respecto de Podemos) y a las grandes proclamas. De la necesidad de trabajar por ella todos los días y desde todos los estratos de la sociedad. "Soy antiutópico", apostilló. 

De la defenestración de la cultura en nuestra tierra: "España es un país que desprecia la cultura". De lo triste que es ver cómo se pierden generaciones sin que nadie sea capaz de levantar la voz: "No hay espectáculo más triste que el de las capacidades desperdiciadas".

De las bondades de nuestro sistema educativo público, pese a los recortes. De la excelencia de nuestra sanidad, también diezmada por quienes usan La Crisis como patente de corso con que esconder los desmanes de sus allegados. 

De los idealismos, de lo que se proclama y no se cumple, no ya a gran escala, sino a pie de tierra. Aprovechó la ocasión para bromear en torno a aquella época en que era estudiante y leía el manifiesto comunista, ebrio de revolución y vientos de cambios, y ridiculizar su comportamiento machista en casa, con su madre; comunista sí, pero comodón. Mejor que la cama y el desayuno lo hagan otros.

De que las cosas están cambiando. De lo conseguido en materia de igualdad entre hombres y mujeres. De lo lejano que queda ya la imagen de autobuses, centros de trabajo y cines llenos de humo.

De que, por culpa (o gracias) de la crisis, el pueblo ha despertado, ha abierto los ojos y cerrado los puños, dispuesto a no consentir más atropellos: "Tenemos que celebrar que la corrupción ya escandaliza", sentencia que fue lo más aplaudido de la conferencia.  

De que la democracia la construímos todos, desde abajo, desde la inmediatez de nuestros puestos de trabajo, desde nuestra responsabilidad como ciudadanos. Fue el momento en que habló de la Ética de la caca de perro. Cómo: el público quedó estupefacto. ¿La Ética de la caca de perro? ¿Qué es eso? No hizo falta que nadie pidiera una explicación al respecto. Estaba dispuesto a ofrecerla de inmediato: imagina que bajas de noche a pasear a tu perro. Defeca y no hay nadie a la vista. ¿La recoges o la dejas y te marchas?

Antes de finalizar, el moderador le preguntó por la nueva novela, de inminente publicación: Como la sombra que se va, que narra la vida del asesinato de Martin Luther King.


El Habitante Incierto y Muñoz Molina en torno a "Sefarad"
El turno de preguntas dio oportunidad a algunos para intentar ser más protagonistas que el autor de "El jinete polaco". De intentarlo... y no conseguirlo. La de masturbarse en público cuando echaban mano al micrófono y eyacular su petulancia en forma de preguntas sin forma, de disgresiones con que demostrar que estaban igual de preparados que el conferenciante. De puta pena que aún haya gente que vaya a lucirse en estos actos. 

Terminada la conferencia, el Habitante Incierto fue lo suficientemente habilidoso como para que, a la hora de las firmas, colocarse en tercer lugar, a pesar de partir de una posición más bien mala (imitó a Fernando Alonso cuando saliendo desde la séptima posición de parrilla es capaz de colocarse tercero o segundo). Fue momento de hablar brevemente con Antonio, y devolverle la cortesía que tuvo cuando hace tres años me dedicó todo un desayuno (una hora completa) en Café Comercial, en Madrid. 

Regresé a la Casa Deshabitada con la satisfacción de haber escuchado a un gran orador y a un mejor escritor. Sin duda, velada para el recuerdo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Estoy leyendo...

... la colección de relatos de John Cheever que RBA editó en un solo tomo en 2012. 


Para un lector como el Habitante Incierto hay pocos placeres más grandes que beber, uno a uno, todos los cuentos del maestro estadounidense. Y apreciar cada detalle en lo que vale. Cada historia. Cada drama minúsculo.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Todo lo que era sólido


Título: Todo lo que era sólido

Autor: Antonio Muñoz Molina

Editorial: Seix Barral


Reseña publicada anteriormente en Fantasymundo:


La carrera de Antonio Muñoz Molina, nacido en Úbeda en 1956, no ha dejado de crecer desde que, en 1987, publicase El invierno en Lisboa, novela que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa al año siguiente. Beatus Ille, Beltenebros, Plenilunio, Sefarad y La noche de los tiempos, entre otras obras, cimientan una producción que está al alcance de muy pocos autores españoles. Gracias a El jinete polaco se alzó el Premio Planeta en 1991, a mi juicio el mejor de todos cuantos se han dado a lo largo de la historia. Amén de un numeroso puñado de premios, ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y es miembro de la Real Academia Española desde 1995.


Todo lo que era sólido, publicado por Seix Barral a comienzos de 2013, no es una novela, ni siquiera una colección de relatos o textos periodísticos. Es un ensayo extenso y minucioso de todo lo que ha ocurrido en España en los últimos seis, ocho años. Como consecuencia de errores patrios, de los tejemanejes y despilfarros de nuestros dirigentes, y de la grave situación económica mundial a la que parecía inmune nuestro país. Es por eso que, al principio, el autor nos habla del poderío de Lehman Brothers y de Merrill Lynch, y de su posterior defenestración. Y de Alan Greenspan, Presidente de la Reserva Federal de EE.UU. De esos años en que España asombraba al mundo gracias a su brutal crecimiento económico. Y de paso, de la ceguera de nuestros políticos, henchidos de éxitos y de números macroeconómicos. De esa época en que, según el Presidente Rodríguez Zapatero, jugábamos en la Champions League de la economía mundial. 


Precisamente, en relación a Zapatero, nos cuenta el novelista una anécdota más que significativa durante esa visita que Muñoz Molina rinde al Palacio de la Moncloa acompañado de varios directores de centros del Instituto Cervantes. Me refiero a ese momento en que el Presidente muestra a los visitantes la sala de reuniones del Consejo de Ministros. Cito textualmente: “Apoyando las dos manos en el respaldo del sillón a la cabecera de la mesa, los hombros siempre tan peculiarmente levantados, el presidente nos dijo: éste es el sitio más especial del palacio. Cuando te sientas aquí es cuando de verdad toca el poder. Me sorprendió que lo dijera tan sinceramente, que no disimulara el gusto de mandar.” Relato más que suficiente para darnos cuenta de la embriaguez de prepotencia que enajena los sentidos de nuestros políticos.  


Después de trazar la radiografía de la situación económica nacional y de analizar los primeros indicios que ya apuntaban la magnitud de esta crisis que aún estamos viviendo, el autor se retrotrae a los últimos años de la dictadura franquista. Con la intención de mostrarnos la línea de salida: aquella España que fue y que ya no es, y cómo se empezó a pervertir todo desde su mismo comienzo. Capítulo a capítulo nos presenta el aquelarre de despilfarro y necedad cometido por quienes debieron gobernarnos con otros valores. Muñoz Molina habla de aquellos años en que trabajaba como funcionario en el Ayuntamiento de Granada y, por extensión, de la creencia natural de que el gobierno entrante había de deshacer o negar todo lo hecho por el saliente. Derechas e izquierdas obsesionadas en lo mismo, en reafirmarse en su plenipotenciaria sabiduría. “Todo se vuelve un hacer y deshacer marcado por las oscilaciones electorales”, nos dice el autor de Sefarad, “lo aprobado por un gobierno queda en suspenso o es desarbolado cuando llega el gobierno de otro partido; los nuevos cargos aspiran sobre todo a borrar la huella de los anteriores; el dinero y el esfuerzo gastados se vuelven estériles”. 


Sin embargo zurcir y deshacer el zurcido no es el más grave de los problemas de nuestra democracia. Seríamos unos privilegiados si así fuese. Existe otro cáncer mucho más ofensivo, el del dinero despilfarrado para colocar en puestos creados a dedos y premiar la fidelidad de amigos y parentelas varias. Una cohorte de inútiles con nóminas de príncipes y principios de mendigos. El crimen de un latrocinio sin cortapisas y el castigo, hasta hace bien poco, inexistente. A este respecto escribe el autor: “Nadie puede calcular el número o el costo total de los puestos que se fueron creando no para cubrir ninguna necesidad racional prevista de antemano sino para dar colocación a parientes más o menos cercanos o pagar favores políticos.” Y añade a continuación, como diagnóstico de la enfermedad que padece nuestra economía: “Ahora mismo nos hundimos bajo el peso muerto y combinado de su innumerable incompetencia.”


Exposiciones Universales que generan gastos astronómicos. Festejos y ferias que se alargan hasta la exageración con tal de mostrar una imagen de falsa prosperidad. Eventos culturales que se organizan en medio mundo, sobre todo en New York, y a los que no van más que los invitados españoles que han viajado en clase business para escarnio de nuestras cada vez más menguadas cuentas. Construcción de monumentos sin control. Alcaldes y pueblos empeñados en ser más prósperos que el alcalde y el pueblo de al lado. Un ritmo frenético de edificaciones que no se podía sostener eternamente. Y es que se creía, ciegamente, en el sueño eterno del ladrillo. Unos años tan tan prósperos que los trabajadores de la construcción afirmaban, sin pudor, no levantarse a trabajar a primera hora de la mañana a cambio del sueldo de un funcionario. No podían imaginar, ni ellos ni nosotros, cuán cerca estaba de pincharse la burbuja inmobiliaria. Es la radiografía de un Estado erigido sobre la aluminosis de la corrupción y la idea de que el dinero de otros es más fácil de gastar que el de uno. 



Extranjero en New York o en Amsterdam, Antonio Muñoz Molina fue macerando durante unos años este amargo y lúcido análisis forense acerca de los cadáveres de nuestra democracia y de nuestra economía. Ese espejismo de solidez que estalló como un cristal que se hace añicos por culpa de un puñetazo. 


En definitiva,  un ensayo tan primorosamente escrito como necesario.